miércoles, 30 de noviembre de 2011

¿Democracia para todos?

Platón menciona en La Política, los tres tipos de protagonistas de la “cosa pública”. Por un lado los que tienen alma concupiscible, es decir los campesinos, aquellos cuya tarea es el trabajo manual. Además están los ciudadanos de alma irascible, para ellos la misión es la de defender la ciudad y a sus ciudadanos, es decir los guerreros. Finalmente encontramos a unos pocos que son los gobernantes y se caracterizan por tener un alma racional y cuya virtud principal es la fortaleza. A ellos nos referiremos en este ensayo.

En los últimos días, los ciudadanos hemos asistido como espectadores a debates públicos, aparentemente democráticos en su forma, pero vacíos de contenido. Cuando la confrontación es la protagonista, se evidencia la falta de propuestas, la carencia de nuevas formas de buscar y aportar soluciones a los problemas que atentan contra Bien Común. Es el caso de la protección a las familias, del Derecho a la Vida, a la salud, a la educación, de garantizar el pleno empleo. Cuando las cuestiones económicas son lo principal en la agenda de temas de un político, la visión del hombre que se transmite es sesgada, reducida a un aspecto que es importante pero no fundamental. Es por eso que eludiendo tomar posturas frente a los temas vitales mencionados, la desinformación amenaza la posibilidad de decidir democráticamente la elección del futuro gobernante.

Pero la falacia más grande de los políticos actuales es la de olvidar lo mencionado por Platón, y en lugar de resistir en cuestiones vitales con la fortaleza que debería caracterizarlos, se dejan llevar por presiones de grupos minoritarios con quienes compartan o no sus principios, no pueden enfrentarse a ellos por temor a perder sus votos pero sobre todo el posible deterioro de su imagen pública. Y si los políticos que nos representan consienten en el atropello en temas de conciencia, de decisión libre y personal de los ciudadanos, ¿qué tipo de democracia están garantizando? Es el caso en temas de Educación donde la Política concesiva con grupos minoritarios no puede inmiscuirse en las enseñanzas de las escuelas, quitándole a los padres la libertad de educar a sus hijos del modo en el que ellos lo creen conveniente.

GRACIAS

Soy María Echeandia, nací en Bilbao en febrero del año 1990. Desde 1992 hasta el 2008 estuve en el colegio. Ése mismo año, empecé la universidad y hoy, 14 de septiembre de 2011, continúo mis estudios de Magisterio en la universidad. Con esto podría concluir mi autobiografía y no diría nada más si no fuera porque me han obligado a escribir 600 palabras.
El hecho de escribir una autobiografía supone todo un reto ya que, como he dicho antes, soy de Bilbao y eso es una de las cosas que más me han marcado la vida y es que me ha sido dado un carácter “vasco”. Gracias a él, soy bastante reservada y me rebelo cuando alguien intenta adentrarse en mi intimidad. Asimismo, por méritos propios, soy impulsiva y poco reflexiva por lo que no pienso mucho acerca de las cosas importantes de la vida y menos sobre mí misma, en cierto modo, podría decir que me da miedo.
Junto al carácter vasco, reservado, apasionado, noble, sensible e irónico, lo que más me ha marcado es mi familia. Ahora, y sólo ahora, que me he ido de casa, soy capaz de agradecer a mis padres todo lo que me han dado: paciencia, tiempo, comprensión, cariño, educación, en definitiva, una familia. Pero siempre en un ambiente de gran exigencia. Soy la mayor de seis hermanos y eso, también me ha hecho ser cono soy: responsable y un poco mandona, pero también me ha enseñado a estar pendiente de los demás y a “estar a lo que haga falta”. Sin embargo, hay otras virtudes que ni la familia numerosa ha conseguido que haga mías, puesto que soy muy desordenada, tengo poca paciencia soy cabezota y bastante orgullosa. Por otra parte, en la familia se aprende a compartir, respetar, pensar en los demás, desprenderte de tu tiempo y darte a los demás, aunque sea a base de tortas, especialmente en ciertos momentos de la adolescencia. Pienso en esas veces que llegas a casa y tu madre te echa en cara que llevas todo el día fuera de casa, que “esto”( tu casa) no es un hotel de cuatro estrellas, que las cosas no se hacen solas… También, me viene a la cabeza las eternas discusiones de “te toca a ti” o “no es mi encargo”…Tras un pequeño enfado, un portazo, un castigo y un poco de tiempo, aprendes que las cosas salen adelante con el esfuerzo de todos y que la familia es el mejor lugar para llegar a ser quien eres.
Ayalde. Nunca podré explicar todo lo que he vivido. Gran parte de lo que soy ahora es gracias al colegio. Y este agradecimiento se debe a que en Ayalde confiaron en mí y me formaron siempre en un ambiente de gran libertad. En mi colegio he aprendido a trabajar, a ser constante, a intentar estar, como dice el lema: “siempre alegres para hacer felices a los demás”. Pero, sobre todo, he aprendido de la gente: amigas, compañeras y profesoras. Siempre hay personas en las que se puede confiar, dispuestas a escuchar y a dar buenos consejos y con las que me iría al fin del mundo. En el colegio alguien me habló claro y con cariño, me fié y, así , aprendí a tomarme en serio la vida, a tomar decisiones y perder el miedo a comprometerse lo que hace, curiosamente, vivir la vida más intensamente y ser feliz.
Después, la universidad. Universidad de Navarra, donde vengo cada día con la ilusión de formarme para llegar a ser lo mismo que otras fueron para mí en los momentos claves de mi vida. Alguien que se dedica a formar a las personas, les ayuda a conocerse, aceptarse y les enseña a vivir cara a la vida dando lo mejor de sí mismas. En realidad, mi ilusión es agradecer con este mismo servicio todo lo que yo he recibido.

jueves, 24 de noviembre de 2011

APRENDER A VIVIR

Al pensar en este tema, me viene a la cabeza una canción de la Oreja de Van Gogh que dice: “Si fuera más guapa y un poco más lista, si fuera más especial, si fuera de revista, tendría el valor….”
Para vivir en paz hacen falta dos cosas: la aceptación de uno mismo y de sus circunstancias, así como, vivir en el presente.
En primer lugar, hace falta aceptarse a uno mismo tal y como es. Aceptar las virtudes y los defectos porque, a pesar de todo, uno vale, no por lo que tiene o por lo que es capaz de hacer sino por quién es. Cada persona es única e irrepetible y por eso lo que tiene que aportar al mundo es único e irrepetible. Por eso, no tenemos que perder la paz pensando que no valemos, que no damos la talla, que nunca llegaré a ser lo que se espera de mí…No. Uno tiene que ser quién es y poco a poco ir desarrollándose como persona, ir creciendo, para llegar a ser quien verdaderamente es. Y, aquí, entran en juego las circunstancias puesto que la gente que nos rodea, familia, amistades, la educación, situaciones, etc. nos van configurando como persona. También se puede decir que no hay circunstancias mejores o peores sino las que cada uno tiene para realizarse y ayudar a los demás en esta tarea.
En segundo lugar, es necesario vivir en el momento presente. Tenemos que aprender a vivir. En ocasiones, sucede que esperamos a que la situación mejore, a que estemos menos agobiados, a que tengamos medios, etc. Para hacer las cosas o empezar proyectos. No. No hay que esperar al mañana, hoy y ahora. El vivir en el momento presente también hace referencia a los problemas. A medida que uno va creciendo, se va dando cuenta de que en la vida hay problemas. Sin embargo, la solución no está en esperar a que no haya problemas sino enfrentarse a ellos. Uno vive en paz cuando asume que vida solo hay una y que hay que aprender a vivirla disfrutando. Esto no quiere decir vivir evitando lo que nos cuesta o dejándonos llevar por los problemas, sino afrontándolo como una oportunidad para crecer. Al mismo tiempo, hay que saber estar por encima de los problemas y disfrutar de las pequeñas cosas de la vida como es un rato con unas amigas, una comida familiar, una excursión….
En definitiva, uno vive en paz cuando es dueño de sí mismo y no se deja llevar por el ritmo de la vida. Cuando uno sabe quién es y quién quiere llegar a ser. Y el medio para llegar a ser quién verdaderamente es, es vivir una vida en paz.

VOLUNTARIOS

Cuando la gente habla acerca de la juventud lo primero en lo que pensamos es en cuál es el problema de la gente joven. Sin embargo, de lo que tenemos que hablar, especialmente desde el 21 de agosto del 2011, es de las virtudes de la gente joven.

El domingo 21 de agosto se ponía fin a la Jornada Mundial de la Juventud y Benedicto XVI agradecía a los jóvenes voluntarios, no sólo como un deber de justicia sino una necesidad de corazón, su inestimable servicio. Esta jornada ha estado llena de momentos emocionantes e increíbles que han tenido como protagonistas a los jóvenes de todo el mundo. Ellos han demostrado tanto con palabras como con hechos, el servicio la amabilidad, la simpatía y la entrega a los demás que les caracteriza.
El Papa agradece a los jóvenes que estuvieran en todos los actos "unos visiblemente y otros en segundo plano, haciendo posible el orden requerido para que todo fuera bien", puesto que, muchos han participado en la JMJ ocupándose de la organización y por ello renunciado a participar de modo directo en algunos actos. Tampoco se puede olvidar el esfuerzo de la preparación de esos días así como la dedicación y el cariño.

Uno de los momentos más emocionantes fue la Vigilia Pascua. Jueves, diez de la noche, dos millones de jóvenes rezando junto al Papa. El calor había provocado más de una insolación, pero en ese momento un fuerte viento daba paso a una incesante lluvia. El tiempo hacía imposible continuar con el acto. Los micrófonos dejaron de funcionar y las pantallas se apagaron. Muchos pensaron que los jóvenes no aguantarían toda la noche en la explanada. Sin embargo, nadie se movió. Todos esperaron hasta que el tiempo permitió continuar con el encuentro. Aunque esto hizo que fuera más breve de lo esperado. Alguien gritó "Estos son los jóvenes del Papa". Y era verdad, esos dos millones de jóvenes eran los jóvenes del Papa. Esos jóvenes calados hasta los huesos pero firmes.

En definitiva, la Jornada Mundial de la Juventud ha sido un momento para crecer en virtudes como la paciencia, la mansedumbre, la alegría en darse a los demás y la disponibilidad en el servicio. Madrid 2011 ha supuesto un enriquecimiento tanto para los jóvenes como para la sociedad.


Por último, cabe destacar que los jóvenes han vivido estos días de forma entregada y, por ello, en plenitud. De esta manera, han dado un impresionante ejemplo al mundo entero. Por todo esto podemos decir que hay mucho que aprender de la gente joven.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

ESCUELA DE VIDA

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Al llegar a la Universidad alguien nos hizo pensar acerca de la familia: ¿qué es la familia? Y tras un debate y miles de ideas llegamos a la idea clave, desde la cual surgirán las demás: La familia es donde uno es querido por lo que es, es más, por quién es. De aquí surgen dos ideas: la necesidad de ser amados para vivir una vida en plenitud y la necesidad de aportar a la familia para hacer para hacer posible que los demás también sean queridos por quiénes son.
En primer lugar, el ser humano ha nacido para amar y ser amado y esto, es lo único que le puede hacer feliz. En la familia es donde uno es querido de forma incondicional, independientemente de sus éxitos o fracasos. El amor que recibe en la familia es absolutamente gratuito; no se puede merecer, ni conquistar: hay que limitarse a acogerlo. Esto nos hace vivir con esperanza, pues sean cuales sean nuestros fallos, siempre podemos recurrir a la familia para coger fuerzas y recomenzar. La familia nos ayuda a enfrentarnos a la familia, no sólo con nuestras fuerzas, nuestra sensación de seguridad, la percepción que tenemos de nosotros mismos o condicionados por nuestros resultados, sino enfrentándonos a los retos como ocasiones de aprender descansando en la seguridad de quienes se saben amados incondicionalmente.
En segundo lugar, en la familia se aprende a amar: dar y recibir gratuitamente. Esto que parece tan sencillo resulta un verdadero reto, por ello estamos toda la vida aprendiendo. En este aspecto la familia es una escuela de la vida y para la vida. La familia es descanso pero también es trabajo, esfuerzo y sacrificio: garantía del verdadero cariño. Del mismo modo que uno es querido por quién es debe querer a los demás miembros de la familia. Esto supone olvido de una misma, comprensión dedicación de tiempo, saber escuchar, apoyar, ser paciente, hacer descansar y reír. Y esto se construye mediante detalles del día a día como recibir a alguien que llega de trabajar con una sonrisa, ayudar a alguien en un encargo, adelantarse, servir la mesa, escuchar un problema, contar algo divertido en la mesa…
Chesterton dice que los grandes ideales no han fracasado por haber sido superados, sino por no haber sido suficientemente vividos. Por esto que la familia recupere el prestigio que merece depende de que la sepamos vivir en plenitud.