miércoles, 23 de noviembre de 2011

ESCUELA DE VIDA

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Al llegar a la Universidad alguien nos hizo pensar acerca de la familia: ¿qué es la familia? Y tras un debate y miles de ideas llegamos a la idea clave, desde la cual surgirán las demás: La familia es donde uno es querido por lo que es, es más, por quién es. De aquí surgen dos ideas: la necesidad de ser amados para vivir una vida en plenitud y la necesidad de aportar a la familia para hacer para hacer posible que los demás también sean queridos por quiénes son.
En primer lugar, el ser humano ha nacido para amar y ser amado y esto, es lo único que le puede hacer feliz. En la familia es donde uno es querido de forma incondicional, independientemente de sus éxitos o fracasos. El amor que recibe en la familia es absolutamente gratuito; no se puede merecer, ni conquistar: hay que limitarse a acogerlo. Esto nos hace vivir con esperanza, pues sean cuales sean nuestros fallos, siempre podemos recurrir a la familia para coger fuerzas y recomenzar. La familia nos ayuda a enfrentarnos a la familia, no sólo con nuestras fuerzas, nuestra sensación de seguridad, la percepción que tenemos de nosotros mismos o condicionados por nuestros resultados, sino enfrentándonos a los retos como ocasiones de aprender descansando en la seguridad de quienes se saben amados incondicionalmente.
En segundo lugar, en la familia se aprende a amar: dar y recibir gratuitamente. Esto que parece tan sencillo resulta un verdadero reto, por ello estamos toda la vida aprendiendo. En este aspecto la familia es una escuela de la vida y para la vida. La familia es descanso pero también es trabajo, esfuerzo y sacrificio: garantía del verdadero cariño. Del mismo modo que uno es querido por quién es debe querer a los demás miembros de la familia. Esto supone olvido de una misma, comprensión dedicación de tiempo, saber escuchar, apoyar, ser paciente, hacer descansar y reír. Y esto se construye mediante detalles del día a día como recibir a alguien que llega de trabajar con una sonrisa, ayudar a alguien en un encargo, adelantarse, servir la mesa, escuchar un problema, contar algo divertido en la mesa…
Chesterton dice que los grandes ideales no han fracasado por haber sido superados, sino por no haber sido suficientemente vividos. Por esto que la familia recupere el prestigio que merece depende de que la sepamos vivir en plenitud.

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